martes, 21 de mayo de 2019

EL OPORTUNISMO EN LA MAGIA

Hay un apartado en  magia dedicado al oportunismo y que se define como su propio nombre indica. Es decir, en conseguir una carta firmada de un espectador, para meses después al ir a su casa colocarla detrás de un cuadro, o sea, obtener un duplicado en una determinada carta para crear luego una situación de magia inverosímil, es lo que llamaríamos hoy en día pre-guión show. Creo que la primera persona que puso en práctica en España este ardid es un gran mago en la actualidad, pues cuando visitaba o se reunía con un grupo de amigos magos en su domicilio, preguntaba quien iba a ir a la reunión para ver si en la carpeta de cartas firmadas que tenía de diferentes puntos de España y de sus correspondientes magos, podía así sorprender haciendo juegos como por ejemplo La Carta Rota y Recompuesta Firmada.

Este es solo uno de los ejemplos de lo que se puede conseguir con el oportunismo. Una magia de fuerte impacto y completamente sin explicación, puesto que al crear un paréntesis de olvido en el tiempo, puedes hacer cosas realmente asombrosas. Este tipo de acción se estilaba mucho allá en los años 80 y cuando yo competí en el Congreso Mágico Nacional de Oviedo en 1987, un buen amigo hizo alarde del oportunismo al hacer firmar, un par de días antes de la competición, una carta a una bella señorita, después en pleno acto del concurso hizo salir a esta señorita como espectadora y esta misma señorita eligió la misma carta que hacía unos días había firmado. El astuto mago , le hizo firmar la carta con el mismo rotulador que había firmado la carta unos días antes y la carta, misteriosamente, apareció dentro de una vela que estaba completamente sellada. Evidentemente, el impacto fue brutal y el jurado quedó completamente confuso. Nadie hizo ninguna objeción al respecto, puesto que se trataba de una rutina que, aparte de este efecto último, estaba muy bien construida en su totalidad.

Ahora veamos que ocurre cuando nos encontramos, no ya con el oportunismo en magia, sino con "EL OPORTUNISTA EN MAGIA". ¿Qué es el oportunista? Buena pregunta, puesto que cuando nos reunimos entre magos, quien más o quien menos y si la reunión es en petit comittee, deja ir ideas a los demás que son de su propia creación, sean técnicas o juegos en sí mismos. El oportunista es aquel que bien, de primera o segunda mano, trabaja esa idea, la modifica y antes de que el autor de la idea publique su técnica o juego, lo hace suyo aportándole prácticamente nada y ganando renombre en el mundo de la magia. 

Estas personas no existirían si todos supiéramos siempre que mente perversa tenemos delante y fuéramos en su defecto más reservados a la hora de saber a quién le confiamos nuestros más recónditos secretos mágicos. No se puede esperar, si suelta una idea en un congreso de magia, que nadie te guarde el secreto y que en el próximo libro que compres salga publicada esa idea tuya. La culpa no es de nadie, ahora bien, la responsabilidad es de uno mismo. 

La mayoría de nosotros, los  magos, en nuestra juventud con el más sincero afán de destacar nos hartamos de inventar técnicas y juegos que probablemente ya estén inventados, pero nuestro complejo de inferioridad cuando nos iniciamos en la magia, hace que queramos sobresalir por encima del resto como si se tratara de una competición propiamente dicha. Y es ahí, donde los que lo miramos con el paso del tiempo, nos damos cuenta de lo "bocazas" que hemos sido a lo largo de nuestra juventud.

Ahora bien, cuando el oportunista es un mago famoso o que teóricamente no necesitaría de estos ardides, sino más bien debería enseñarte como mejorar una idea, técnica o juego, haciéndote alcanzar un nivel más alto de concepción mágica y se dedica a "picotear" miserablemente las ideas de magos prácticamente noveles, no puede después esperar que un mago en su espectáculo no utilice compinches o, tan siquiera, cartas marcadas, ya que en magia y delante del público neófito, todo vale.

Durante mi larga experiencia en el mundo de la magia, he visto grandes errores a grandes maestros, aptitudes impropias en mis años de juventud, incluso por mi mismo ante situaciones que no lo merecían, pero quien realiza aptitudes malvadas con el único propósito de lucrarse y llenarse los bolsillos, eso si que no me parece ético. Tampoco me parece arte y no es que le haga un flaco favor a la magia, sino que no ayuda a que te formes ni te eduques de una manera integra.

El que más y el que menos, nos podemos sentir reflejados en esta opinión, pero puedo decir sin temor a equivocarme, que si yo no he dado crédito alguna vez a algunos de los juegos o técnicas que utilizo, ha sido por ignorancia y sin mala intención. De la misma manera que yo me considero en este aspecto una persona íntegra, he conocido a muchos magos que también lo son, pero acostumbran a ser los más reservados del planeta. Y hacen bien, porque cuando se hace un Memorial Ascanio o en un congreso de magia y vienen magos extranjeros a nuestro país, esto parece más un coto de caza, en cuanto al mundo de la cartomagia se refiere, que una reunión de magos propiamente dicha.

Y es que no quisiera yo perderme la oportunidad, valga la redundancia, de en mi vida, perderme la oportunidad de expresar lo que veo, siento y considero ético y no ético en nuestra comunidad mágica.

Oportunamente vuestro, dada la oportunidad y sin querer ser inoportuno, os saluda hasta el próximo mes.

Francesc-Amílcar Riega i Bello

domingo, 21 de abril de 2019

EL CONTRATO SOCIAL - JEAN-JACQUES ROUSSEAU


En épocas en las que se acercan elecciones de todo tipo y en un período relativo corto de tiempo, todos tendríamos que plantearnos nuestro contrato social.

¿Qué es el Contrato Social?

Podríamos decir, para empezar,  que es una obra mucho más amplia, que Rousseau proyectó durante su estancia en Venecia en los años 1743 y 1744, como secretario del Embajador de Francia.

Su toma de contacto con los entresijos con la política y su decepción ante las instituciones venecianas, que gozaban de gran crédito en Europa, le impulsaron a emprender la tarea de exponer ante el mundo los principios de un buen gobierno.

El ambicioso plan consistía en la elaboración de un vasto tratado sobre las instituciones políticas que fundase el Derecho Político, ciencia que según Rousseau, debería haber creado Montesquieu pero que este desdeñó para centrarse en el estudio del derecho positivo de los gobiernos establecidos. Aunque, como señala Dérathé, Jean-Jacques peca de injusto con su contemporáneo, pues El Espíritu de las Leyes no se reduce de escribir y comparar las distintas legislaciones, la observación de Rousseau marca bien las distintas orientaciones de ambos autores.

El subtítulo de la obra de Rousseau "Principios de Derecho Político", reflejan mejor que el título las intenciones del autor.

Dicho proyecto, en el que el ginebrino trabajó, aunque no de manera continuada, durante cerca de 15 años, fue finalmente abandonado. Rousseau no es muy explícito en las Confesiones a la hora de referirse a las causas de dicho abandono; cuenta únicamente que era una obra que requería aún, en 1758, varios años de trabajo y que no se sentía con ánimos de concluirla.

Se decidió entonces a salvar y poner en limpio parte de lo escrito, sin descuidar por ello la redacción de Emilio, que tenía entre manos en aquel momento. En menos de 2 años, El Contrato Social estuvo listo para su publicación. Como es sabido, la obra apareció casi a la vez que Emilio, siendo en gran medida, eclipsada por dicha novela.

Louis-Sébasstien Mercier escribía en 1791 que el Contrato Social fue el libro menos leído de Jean-Jacques hasta la Revolución Francesa. A partir de entonces, su suerte cambió radicalmente y todos los ciudadanos lo leyeron y aprendieron de memoria. Roussseau se convirtió, como ha subrayado Roger Barny, en uno de los mitos de la revolución.

Pero en vida del ginebrino, si hemos de aceptar las investigaciones llevadas a cabo por Daniel Mornet sobre los orígenes intelectuales de la Revolución Francesa, solo se encontraba un reducido número de ejemplares del escrito en bibliotecas privadas. Probablemente, ello se debió a que la obra impresa en Holanda, no recibió autorización para ser difundida en Francia. Malesherbes, después de leer el manuscrito, se vio en la obligación de denegar el permiso, por lo que el tratado se propagó clandestinamente.

La acogida que recibieron Emilio y El Contrato Social fue un duro golpe para Rousseau. En junio 1762, el Pequeño Consejo de Ginebra, condenaba conjuntamente las dos obras a ser quemadas por "temerarias, escandalosas, impias y destructoras de la religión cristiana y todos los gobiernos" y decretaba el arresto del autor si este hacia acto de presencia en la ciudad. En Francia, se persiguió a los libreros que desafiaban la prohibición y difundían El Contrato Social, y la Soborna y el Parlamento de París ordenaron la quema pública de Emilio, que había sido editado en Francia, y la detención de su autor.

Es de sobra conocida la conmoción que todo ello supuso para Rousseau. Huyó de Francia, llegó a Yverdon, en Berna, de donde fue expulsado poco tiempo después, se refugió en Môtiers, donde su casa fue apedreada por los vecinos,intentó establecerse en la Isla de Saint-Pierre, de donde también fue expulsado por el pequeño Consejo de Berna, encontró amparo en Inglaterra, y finalmente volvió a Francia.

1762 marca pues un giro en la trayectoria de Rousseau. Si en la época en la que precede esta fecha, el ginebrino se siente llamado a cambiar el mundo, o, al menos, a detener la marcha imparable de la corrupción de la sociedad, si asume la tarea de reformador social, cual nuevo licurgo o solón, la condena de sus dos obras va a dar al traste con sus proyectos.

"Abandonado por los hombres, sus hermanos", -escribe en los Diálogos-, injuriado y perseguido, va a comenzar el largo peregrinaje que le aleja, a la vez, de sus sueños colectivos y de sus ansias reformadoras. En esa segunda etapa de su vida, va a sentir la necesidad de justificarse y de demostrar ante el mundo su inocencia y la terrible injusticia de que ha sido objeto. Así surge la obra biográfica, -las Confesiones, los Diálogos, Las ensoñaciones del paseante solitario-, que es un continuo lamento de autocompasión, a la vez que un grito desgarrado que reclama atención y amor a sus semejantes. Roussseau asume su papel de víctima.

Aquí nos movemos en el reino de los sentimientos, de la sensibilidad, del Yo, de la subjetividad, en el que Jean-Jacques es un verdadero maestro y un claro antecesor del Romanticismo.

Pero incluso en esta segunda época en la que predomina en nuestro autor la búsqueda de la paz interior, en la que Rousseau, como Emilio, tiene que salvarse solo, la esperanza en la humanidad no está definitivamente perdida. Es como si, de las cenizas de su gran decepción, pudiese aún brotar la confianza en que algunos pueblos pueden salvarse porque todavía quedan "hombres antiguos en los tiempos modernos".

Prueba de ello son esas dos obras políticas posteriores a 1762, el Proyecto de la Constitución para Córcega, y las Consideraciones sobre el Gobierno de Polonia, en las que trata de aplicar los principios expuestos en El Contrato Social a dos pueblos reales, uno de los cuales, el polaco ni siquiera reunía las condiciones requeridas en el tratado.

Las Consideraciones, escrita en sus últimos años de vida, es, en palabras de Bronislaw Baczko, el último sueño cívico de Rousseau. Pero es  más que un sueño. Es el intento supremo por aplicar a la realidad los principios abstractos del Contrato, y por demostrar que incluso un país tan grande como Polonia y tan poco apto para tolerar una buenas constitución, podía adaptarse a su ideal político porque aún conservaba el amor a la patria. Rousseau supera la dificultad mayor -la extensión que hace inviable la democracia directa y parece requerir necesariamente el modelo representativo- mediante el sistema federativo, y hace de los representantes a la Asamblea federal meros comisionados, provistos de mandatos imperativos, y obligados a rendir cuentas de su gestión. Para evitar la corrupción de dichos mandatarios propone asimismo la rotación de los cargos y una estrecha vigilancia sobre su actuación. Con estas medidas pretende convertir la utopía expuesta en El Contrato en realidad.

Pero ¿se puede hablar de utopía con relación al Contrato? En las Cartas escritas desde la montaña, Rousseau niega todo carácter utópico a esta obra, y atribuye su condena por parte del Pequeño Consejo de Ginebra precisamente a su realismo:

"Si sólo hubiera elaborado un sistema, esté usted seguro que no habrían dicho nada. Se hubieran contentado con relegar El Contrato Social, junto con La República de Platón, y los Severambos, al país de las quimeras. Pero describía un objeto existente, y se pretendía que dicho objeto cambiase de apariencia. Mi libro era testigo del atentado que se iba a llevar a efecto. He ahí lo que no me han perdonado".

Encontramos, en efecto, en toda la obra rousseauniana una tremenda preocupación por la realidad y por asentar sus principios tomando a los hombres tal como son, según afirma en El Contrato. Prueba de ello es, por ejemplo, la minuciosidad con que se documenta sobre la historia de Polonia para escribir sus Consideraciones. Ni siquiera en El Contrato -obra que resulta obligadamente abstracta por establecer los fundamentos de un buen gobierno- pierde de vista el ginebrino la realidad, como lo demuestra el hecho de que, a la pregunta de cuál es el mejor gobierno, Rousseau responda, siguiendo a Montesquieu, que depende de factores tales como la extensión, la población, el clima, las costumbres, etc.

Precisamente uno de los errores que más reprocha al Abate de Saint-Pierre es haber construido un sistema para los habitantes de Utopía y no para hombres de carne y hueso. Nada más lejos de la intención de Jean-Jacques que, sin embargo, muy a su pesar, acaba por caer también en la utopía.

Pero la utopía rousseauniana, como ha puesto de manifiesto Jean Fabre, es una utopía realista, que se encarna en la historia, que ha existido realmente, que se puede situar en un tiempo y un espacio concretos, a diferencia de la ciudad utópica, que no tiene presente ni pasado, que queda fuera de la historia, o del mito ilustrado, que se enclava en un futuro hipotético.

Se ha dicho que el ideal propuesto en El Contrato Social es Ginebra. Pero se trata de la Ginebra de sus sueños, una Ginebra idealizada y revestida con todos los rasgos de la Antigüedad. Ginebra es, para Rousseau, la Roma de los tiempos modernos. Es el único Estado que aún conserva las virtudes antiguas. Es la ciudad idílica que aúna el amor a la patria, la virtud, y la pasión por la libertad. Para su descripción del ideal de la Ciudad-Estado, Jean-Jacques se inspira en los antiguos cantones rurales suizos, que practicaban la democracia directa y resolvía sus asuntos mediante reuniones asamblearias de todo el pueblo.

Pero la democracia suiza es, a mediados del XVIII, un mito, y Ginebra, una sombra del Estado igualitario y democrático del pasado, cuyas instituciones comunitarias han dejado paso a la oligarquía del Pequeño Consejo.

Autores como Robert Dérathé han señalado, por otra parte, que Rousseau no tenía un conocimiento precioso de la Constitución de Ginebra cuando escribió El Contrato. Aunque estaba fuertemente interesado por sus instituciones políticas, no emprendió seriamente su estudio hasta 1762, en que la condena de sus obras por el Pequeño  Consejo le obligó a tomar su propia defensa en las Cartas escritas desde la montaña. El propio Rousseau, en carta de De Luc, confirma este hecho.

Es cierto, sin embargo, que unos años antes -en 1754- había vuelto a su ciudad natal, pero ese regreso, en olor de multitudes, no le había permitido descubrir el proceso de corrupción en que se encontraban inmersas las instituciones ginebrinas.

Tanto la apologética y desproporcionada Dedicatoria del Discurso sobre las Ciencias y las Artes, escrita antes de dicho viaje, como El Contrato Social, describen así una Ciudad-Estado basada en una Ginebra transfigurada, a los ojos de Rousseau, en la reencarnación de las venerables instituciones de la Antigüedad.

El modelo político propuesto en El Contrato aúna así las antiguas instituciones políticas ginebrinas, idealizadas en la mente de Jean-Jacques por la lejanía y el recuerdo, con la Ciudad-Estado grecorromana, cuyas virtudes y costumbres modélicas le enseñó a reverenciar su padre.

El pueblo reunido en asamblea, legislando, como lo hacían los antiguos griegos y romanos. He ahí el sistema que Rousseau propone como ideal a la Europa ilustrada. A esa Europa de los grandes Estados nacionales y centralizados, Jean-Jacques tiene la osadía de presentarle como alternativa el modelo de la polis. Frente a la tendencia creciente a la centralización, Rousseau aconseja, por el contrario, a los grandes Estados como Polonia adoptar el modelo federal, y, frente a la burocratización de las grandes monarquías, defiende un antiestatismo que reduzca al mínimo todo tipo de funciones y de cargos. Y frente a los grandes ejércitos permanentes, propugna las milicias populares.

Sin duda Jean-Jacques es consciente de ir a contracorriente y de las limitaciones de su modelo político, que sólo podrá ser seguido por unos pocos pueblos en los que aún perviven esos valores "antiguos" que todavía no han sido sustituidos por intereses mercantiles. Pueblos agrícolas aún no corrompidos por el comercio, la industria y el lujo, que no han destruido todavía los lazos de solidaridad, y desarrollado el desmesurado afán de enriquecerse. Pueblos, en definitiva, en los que aún prevalecen valores precapitalistas.

A ellos va dirigido El Contrato Social. La utopía rousseauniana consiste así en un intento de detener la marcha de la historia  y preservar a esos pueblos poco desarrollados de un progreso que el ginebrino juzga destructor.

No es que Rousseau quisiera volver al tiempo en que los hombres andaban a cuatro patas, como malintencionadamente sugería Voltaire, ni que, por puro esnobismo y espíritu de contradicción, se manifestase en contra del progreso en general, uno de los sacrosantos pilares de la civilización de las Luces, sino que rechazaba ese específico progreso histórico que había tenido lugar, y que había conducido a la pérdida de la igualdad y de la libertad originarias.

Frente a esa sociedad de las Luces, brillante y opulenta, que oculta, en palabras de Rousseau, bajo el esplendor de sus guirnaldas de flores -ese decir, de sus ciencias y sus artes, de su civilización, en suma- gruesas cadenas de hierro -léase dependencia, falta de libertad, opresión, etc.-, el ginebrino es partidario de un modelo de sociedad austero y autosuficiente, donde los valores éticos predominen sobre los mercantiles,  y donde el bien común sea el valor por excelencia. Sociedad igualitaria donde los pobres no se vean obligados a venderse a los ricos, y donde todos los ciudadanos tengan asegurados los medios de subsistencia, es decir, un trozo de tierra que les permita subsistir sin depender de nadie.

La utopía rousseauniana radica en su pretensión de aferrarse a un modelo de sociedad que la ascensión imparable del capitalismo hace ya inviable.

Detrás de la denuncia de la propiedad privada del Discurso sobre el origen de la desigualdad subyace la condena de la sociedad capitalista. Aunque Rousseau no es capaz de percibir en profundidad los cambios que se están produciendo en la sociedad de su época, sí tiene la sensibilidad suficiente para detectarlos.

"El primero que, habiendo cercado un terreno, se le ocurrió decir. esto es mío, y encontró gentes lo bastante simples para creerlo, ése fue el verdadero fundador de la sociedad civil. ¡Cuántos crímenes, guerras, asesinatos, cuántas miserias y horrores no habría evitado el género humano aquel que, arrancando las estacas o allanando el cerco, hubiese gritado a sus semejantes: "Guardaos de escuchar a este impostor, estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos y la tierra no es de nadie"!".

Estacas, vallas, cercamientos. Secuelas del auge del capitalismo, que conlleva expropiaciones de tierras y proletarización para el pequeño campesino. El proceso de cercamientos que, impulsado por los fisiócratas, se desarrolla en Francia a mediados del XVIII tiene como objetivo racionalizar las explotaciones agrícolas, concentrando las parcelas para maximizar los rendimientos, y expulsando de ellas a los pequeños propietarios o usufructuarios.

La gran conmoción económica va unida al auge del individualismo y de los intereses crematísticos que ahogan los valores éticos propios de los pueblos precapitalistas. Muchas de las páginas de su Discurso sobre las Ciencias y las Artes, ese discurso premiado por la Academia de Dijon que le lanzó a la fama, están cargadas de un negro pesimismo, ante el derrumbe de ese mundo solidario, de héroes, de virtud, de amor a la patria, que simbolizan para Rousseau Ginebra y Roma.

"Los antiguos políticos hablaban incesantemente de costumbres y de virtud; los nuestros sólo hablan de comercio y de dinero".

La gran línea de demarcación que separa, en el Siglo de las Luces, a Rousseau de los Enciclopedistas vine marcada por su defensa de dos mundos antagónicos. Desde Locke, los teóricos liberales se agrupan bajo la bandera de la libertad, bajo la que subyace una defensa a ultranza de la propiedad. es Locke, y no Rousseau, quien logra la cuadratura del círculo al conseguir armonizar los postulados del derecho natural -que básicamente se resumen en que todo hombre tiene derecho a lo necesario para su subsistencia, lo que justifica el disfrute de una pequeña propiedad- con la existencia de un grupo social desprovisto de cualquier medio de vida.

Lo que Locke legitima en su famoso Ensayo sobre el Gobierno Civil es la propiedad privada ilimitada, propia de la sociedad capitalista, y la división de ésta en dos clases antagónicas, todo ello en el marco del derecho natural. Fundamentación que es básica para la existencia del nuevo orden capitalista.

La gran tarea de Rousseau va a consistir en enfrentarse a esa legitimación, y tratar de desmontarla. Ese es el significado que tiene su infatigable reivindicación de la igualdad que, como un leit motiv permanente, aparece a lo largo de toda su obra.

No hay que ver, sin embargo, en su defensa de la igualdad la búsqueda de un igualitarismo absoluto, porque Jean-Jacques no aspira al comunismo de los bienes, sino que admite un cierto grado de desigualdad. En efecto, a lo más que llegan los igualitarios de mediados del XVIII -salvo alguna excepción- es a reclamar una sociedad que provea a la subsistencia de todos los hombres. La idea de la socialización de los medios de producción aún no está madura en la sociedad dieciochesca. En sus Fragmentos políticos, el ginebrino rechaza explícitamente tanto la relación salarial, propia de la sociedad capitalista, como  una sociedad comunista donde reinase la abundancia y todos los deseos pudiesen ser satisfechos sin trabajo, lo que le parece completamente utópico.

No se trata, por tanto, de perseguir una igualdad inalcanzable, sino de establecer una baremo mínimo, realista: que ningún ciudadano sea tan rico como para comprar a otro, ni ninguno tan pobre como para verse obligado a venderse, como afirma en El Contrato.

La relación salarial marca el nivel en que dicho baremo ha sido sobrepasado y la desigualdad ha alcanzado tanta fuerza que la comunidad se disgrega en una multitud de átomos independientes y egoístas que sólo persiguen su propio interés. El bien común se convierte entonces en una palabra sin sentido.

El igualitarismo del ginebrino trata así de trascender el corto alcance de la teoría liberal. Rousseau rechaza, en efecto, esa ordenación de la sociedad encaminada a la defensa de los derechos naturales individuales que, en esa mitad de siglo, equivale a decir los derechos de los propietarios.  "¿No son para los poderosos y los ricos todas las ventajas de la sociedad?", se pregunta en el Discurso sobre la Economía política.

No cabe, sin embargo, olvidar que, a la vez, en la obra rosseauniana se encuentran importantes alegatos a favor de la propiedad privada. En el citado Discurso sobre la Economía política, que preparó para la Enciclopedia, y que Diderot rehusó publicar por el arcaísmo de sus tesis económicas, califica a la propiedad privada de derecho sagrado que sirve de fundamento a la sociedad política.

La propiedad es asimismo considerada como el fundamento del Estado en El Contrato Social, en el Discurso sobre el origen de la desigualdad, y en Emilio, donde la primera idea que el preceptor inculca a su alumno es el respeto a dicha propiedad.

Esta aparente contradicción ha dado pie para enarbolar numerosas interpretaciones opuestas del pensamiento político rousseauniano, que ha sido por ello considerado carente de unidad y de coherencia.

Autores como Vaughan o Cobban (éste en una primera  época) sostuvieron la tesis de que Rousseau pasó del liberalismo de la teoría lockiana a una forma extrema de colectivismo, mientas que otros, como Laski, Edme Champion o Dérathé, le sitúan dentro de los defensores de la propiedad privada.

La controversia puede resultar interminable salvo que intentemos averiguar el significado del término propiedad en cada uno de dichos textos. Entonces la contradicción desaparece.

Rousseau condena en el Segundo Discurso (sobre el origen de la propiedad) la propiedad privada ilimitada, capitalista, la de los medios de producción, que reduce a una parte de la población a la condición de meros asalariados, desprovistos de una parte de la libertad y de la igualdad originarias. Y defiende en sus restantes obras la pequeña propiedad, que garantiza a todo hombre su subsistencia. De ahí que el derecho natural a la subsistencia, que conlleva la posesión de algún medio de vida, sea para Rousseau, como lo será para Robespierre y los sans-culottes después de la Revolución Francesa, un derecho sagrado.

Jean-Jacques encabeza ciertamente en el XVIII la lista de los enemigos de la propiedad privada capitalista, legitimada por Locke. Su alegato en contra de dicha forma de propiedad, y su defensa de la igualdad serán seguidos por los moralistas del XVIII, como Mably, Morelly, etc., y recogidos por Robespierre, quien es un fiel símbolo de las contradicciones que encerraba dicho ideal. No es que el pensamiento robespierrista fuese ambiguo, sino que el modelo que perseguía -esa rousseauniana e igualitaria sociedad de pequeños propietarios agrícolas- chocaba con la realidad.

Robespierre, heredero de Rousseau, prosiguió durante la Revolución Francesa la batalla de la igualdad contra la propiedad. En sus intervenciones ante la Convención, en 1792, en su proyecto de Declaración de derechos del hombre, de 1793, y en si intento de modificar la Constitución del mismo año, trató de establecer límites a la propiedad privada, que atentaba contra el derecho a la existencia de los hombres.

El ideal robespierrista era alcanzar el Reino de la Igualdad, limitando progresivamente el ejercicio del derecho de propiedad, y redistribuyendo al mismo tiempo los medios de producción. Aunque tal proyecto igualitario, de raíces obviamente rousseaunianas, fracasó en el marco de la crisis económica y de las tensiones sociales de 1794, volverá a ser retomado años más tarde por los babuvistas, quienes en la conjura del Iguales, tratarán de hacerlo realidad.

El ideal igualitario conduce así desde Rousseau al presocialismo babuvista, pasando por Robespierre. Después, en el XIX, recibirá un vuelco considerable con la revolución industrial, y una nueva formulación con el  marxismo.

Que Rousseau, y en especial El Contrato Social, conducen a Marx ha sido sostenido con notable éxito, en particular por autores italianos como Della Volpe o Colletti. Pero si, en cierta manera, puede decirse que el ideal igualitario está presente en ambos, y que tanto el ginebrino como Marx coinciden en su crítica a la sociedad capitalista -aunque en Rousseau sólo aparezca esbozada, no cabe ninguna duda de su oposición al sistema capitalista y a la teoría política liberal-, no hay coincidencia en sus respectivos modelos de sociedad. Más allá de la negación del capitalismo presente en ambos, y de su común antiestatismo y deseo de que la sociedad reasuma el poder desgajado y situado en una esfera separada e independiente del cuerpo social, no hay semejanzas posibles. Marx teoriza sobre la base de las nuevas condiciones económico-sociales surgidas en el XIX, entre las que destacan la revolución industrial y la aparición de la clase obrera, y prevé su superación y la desaparición de la sociedad de clases, gracias al desarrollo del sistema productivo. Mira al futuro. Rousseau rechaza la sociedad de su época en base a un ideal de pequeños propietarios agrarios, igualitario y precapitalista. Mira al pasado, a la Ciudad-Estado grecorromana. No hay más semejanzas entre ambos que las que se quieran hallar entre la sociedad comunista del futuro y la polis del pasado.

Pero, independientemente del significado que El Contrato Social tuviera para Rousseau, la obra adquirió vida por sí misma, separándose de las intenciones de su autor y trascendiéndole, y ha desempeñado un papel crucial en el pensamiento político occidental de los últimos doscientos años. De Biblia de los revolucionarios de 1789 a libro de cabecera de Fidel Castro, El Contrato ha sido considerado la plasmación por excelencia de la teoría democrática. Cassirer, Dérathé, Baczko, y muchos otros autores han insistido sobre el alcance revolucionario del  pensamiento político del Ciudadano de Ginebra, y, en especial sobre su formulación de la soberanía del pueblo.

No es que tal concepto tenga su origen en Rousseau, como ha demostrado Robert Dérathé en un magnífico estudio que hoy es un clásico. Se encuentra ya recogido por los iusnaturalistas Grocio, Pufendorg y Locke. En el Ensayo sobre el Gobierno Civil, Locke atribuye la soberanía al pueblo, quien cede -o para respetar la palabra inglesa trust, confía- el poder del supremo -el legislativo- a unos representantes con el encargo de hacer leyes que salvaguarden los derechos naturales del individuo. Locke prevé incluso la posibilidad de que ese poder -al que los restantes se encuentran subordinados- retorne a la comunidad en caso de incumplimiento de la misión para la que fue designado:

"Si los detentadores de ese poder se apartan de ella abiertamente o no se muestran solícitos en conseguirla, será forzoso que se ponga término a esa misión que se les confió. En ese caso, el poder volverá por fuerza a quienes lo entregaron".

De igual modo, Grocio y Pufendorf hacen residir en el pueblo la soberanía, que éste entrega, mediante pacto, a unos jefes.

La diferencia radical entre Rousseau y los teóricos del derecho natural estriba en que para el primero la soberanía debe residir siempre en el pueblo, sin que le sea posible a éste delegarla en unos representantes. El pueblo debe obligatoriamente hacer las leyes por sí mismo, siendo el gobierno un simple comisionado encargado de la ejecución de los mandatos del soberano, obligado a rendir cuentas, y pudiendo ser destituido por éste en cualquier momento.

Mientras que la doctrina liberal se basa en la división de poderes y en el principio de la delegación, que nuestro sistema político democrático ha heredado del siglo XVII, Rousseau, con su rechazo del sistema representativo, se distancia de ella ostensiblemente.

La democracia directa es lo que hace impracticable su sistema, como pudieron comprobar Robespierre y los jacobinos al intentar infructuosamente llevarlo a la práctica. Es cierto que la Constitucion francesa de junio de 1793 estaba imbuida del espíritu de El Contrato Social, pero los Montagnards se encontraron con dificultades insalvables para permanecer fieles a sus concepciones democráticas, y terminaron apelando a la dictadura jacobina del Comité de Salud Pública, e instaurando, en pro de la soberanía popular, el poder de una fracción sobre el pueblo hasta decapitar las secciones. Así se inició, como subraya Roger Barny, el despotismo de la libertad, que sacrificaba los intereses individuales en beneficio de la colectividad.

La traición al ideal rousseauniano por parte de Roberspierre -traición a que le condujo su propia fidelidad al rousseauismo-, con la concentración de poderes en manos de los mandatarios del pueblos como único medio de garantizar el predominio de la voluntad general, es una manifestación del fracaso del propio modelo rousseauniano.

Y es que hay algo tremendamente utópico en intentar ensamblar, como pretende el ginebrino, ese par de términos opuestos de libertad y coacción. "Se les obligará a ser libres", afirma en El Contrato.

La terrible contradicción en la que se debate Rousseau -que será la misma a la que tendrá que hacer frente Robespierre- consiste en que para conseguir transformar a hombres insolidarios, egoístas e independientes, en un cuerpo colectivo que persiga el bien común, hay que recurrir necesariamente a la violencia, que se legitimará en nombre de la voluntad general.

En el concepto rosseauniano de voluntad general, definido no como una suma de voluntades particulares, sino como la voluntad del cuerpo social, que se sitúa por encima y, en ocasiones, al margen de la voluntad y de los intereses particulares de sus miembros, autores como Talmon han querido ver tintes totalitarios -término éste muy comprometido y que puede ser tachado de anacrónico-.

Sin llegar a tales extremos, es indudable que hay una fuerte dosis de coacción en esa voluntad que se sitúa como un deber ser por encima del individuo, que es todopoderosa y tiene derecho, en nombre del sagrado interés común, a reclamarle incluso la vida. Esa voluntad colectiva que se presenta como una estructura exterior de la conciencia, en palabras de José María Ripalda, es utópica, irreal y falsa en una sociedad dividida en clases sociales antagónicas, y no es posible implantarla en la práctica.

La realización del Reino de la Igualdad y de la Virtud en este contexto condujo al fracaso o, peor aún, al terror jacobino.

Esa unión de libertad y coacción que se encuentra en el concepto rousseauniano de voluntad general no es, según Jean-Jacques, sino la manifestación, a nivel general, de la contradicción íntima del ser humano, mitad dios-mitad demonio, desgarrado entre sus intereses egoístas y privados -voluntad particular- y sus miras altruistas y elevadas -voluntad general-.

Lo que sustenta la legitimación rousseauniana de la coacción es su concepción de la naturaleza humana, impregnada de platonismo e influida asimismo por la dualidad cristiana entre cuerpo y alma.

Esa oposición interna del individuo, que remite a la caída originaria, tiene su correlato, socialmente hablando, en la contradicción Estado de naturaleza-Sociedad civil. En base a su creencia en la bondad originaria del ser humano, es decir, a su concepción antropológica optimista, y a la existencia de un orden natural racional y equitativo -corrompidos ambos por un cúmulo de azares  históricos desgraciados que hicieron surgir la propiedad privada y la desigualdad-, el ginebrino se niega a aceptar el egoísmo y la insolidaridad de los hombres de la sociedad de su tiempo. Ello le induce a querer reconstruir ese Paraiso perdido en la sociedad civil, recurriendo para ello a métodos coactivos.

La amoralidad de las tesis liberales -que separan claramente economía y moral- permite, por el contrario, aceptar los vicios privados -egoísmo, ambición, competencia- como virtudes públicas, por cuanto potencian la vida económica y suponen un estímulo para la prosperidad de la nación.

No hay en la teoría política liberal bien común que se alce por encima del individuo. Desde Locke quedó bien establecido que la misión del Estado consiste en salvaguardar los derechos naturales del individuo, y, en particular, su propiedad, lo que suponía un serio obstáculo ante cualquier pretensión del poder político por limitar los derechos individuales, en nombre del interés general.

En el XVIII, Helvétius y los utilitaristas basaron su ética en el principio de la satisfacción del interés individual. La finalidad del comportamiento humano -afirmaban- es gozar del máximo placer y evitar el dolor. Todas las motivaciones de las acciones de los hombres se derivan de este principio.

Rousseau, por el contrario, es ajeno a ese individualismo que en su época sirve de fundamento a la vida económica y a la moral, y en sus concepciones sigue primando lo colectivo y los valores éticos. No hay justificación posible -ni siquiera económica- ante el derrumbe de las virtudes cívicas, del patriotismo, de la solidaridad, de la virtud.

 El ideal rousseauniano fue tachado en el siglo XIX de anacrónico. Fue Benjamín Constant quien desarrolló en 1815 la argumentación contra Rousseau que será esgrimida por los teóricos liberales hasta nuestros días.

Según Cosntant, el ginebrino pretendió implantar un modelo de sociedad obsoleto que se caracterizaba por el predominio de la libertad "antigua". Libertad que consistía en el sometimiento del individuo a la colectividad, e implicaba la pérdida de la independencia y de la libertad individuales, en aras del interés común. Dicha libertad "antigua" sólo era factible en el marco de una democracia igualitaria, que ahogase las distinciones sociales y toda particularidad individual, en beneficio de la homogeneidad del grupo. Dicho sistema resultaba incompatible, según Constant, con la libertad moderna, puramente negativa, que consiste en garantizar a los individuos la seguridad necesaria para disfrutar de sus existencias privadas en paz. En los tiempos modernos, lo privado prevalece sobre lo público, y las categorías de bien común y voluntad general, resultan sospechosas.

Los escritores liberales, desde Benjamin Constant en el XIX, a autores contemporáneos como Léon Duguit, Emile Faguet, o Talmon, sienten un profundo rechazo hacia la argumentación rousseauniana, que les parece constituir una amenaza contra la libertad individual. De ahí el recelo que despierta Jean-Jacques en quienes le consideran un defensor del despotismo.

Desde esa óptica liberal, el anacronismo de Rousseau consiste en intentar trasladar a nuestros días una extensión de poder social, de soberanía colectiva que pertenece a otros tiempos. La democracia directa es imposible e inútil en la sociedad moderna, a la que sólo le conviene el sistema representativo. Querer imponer hoy ese sistema, dice Constant, significa querer implantar la tiranía. Aunque este autor no duda de las buenas intenciones del ginebrino, su sistema le parece una puerta abierta al despotismo.

Pero, como hemos visto, ésta no es más que una de las lectura que ha sugerido El Contrato.

Retomando la pregunta con que iniciábamos este estudio preliminar, podríamos concluir diciendo que El Contrato es la gran obra política de Rousseau, en la que, a pesar de su reducido tamaño, se encuentran expuestas las grandes líneas de su pensamiento político, los principios de su modelo de sociedad.

Sus restantes obras políticas carecen del carácter de generalidad que tiene El Contrato. Por ejemplo. el Proyecto de Constitución para Córcega y las Consideraciones sobre el Gobierno de Polonia, como ya se ha dicho, son escritos en los que el ginebrino trata de aplicar los principios que figuran en El Contrato a pueblos concretos. En los Escritos sobre el Abbé de Saint-Pierre, uno de sus textos menos conocidos, Jean-Jacques expone y madura, a través de un comentario de las ideas de este autor, las suyas propias. El abate, autor del Proyecto de paz perpetua, es respetado por el ginebrino -a pesar de sus rasgo utópicos-, y ejerce sobre él una influencia no despreciable.

En cuanto a los dos Discursos, el primero, Discurso sobre las Ciencias y las Artes, de carácter ético -aunque para Rousseau la ética y la política están estrechamente ligadas- trata de la corrupción de las costumbres. El segundo, Discurso sobre el origen de la propiedad privada, es un análisis de la evolución de la humanidad, desde el originario estado de naturaleza al corrupto estado social. En ambos discursos predominan los aspectos críticos y negativos frente a los constructivos de El Contrato.

Este es un libro complejo que, para una comprensión adecuada, deber ser enmarcado dentro del conjunto de la obra del ginebrino, y en particular de Emilio, que ofrece una visión amplia de la cosmogonía rousseauniana. La dificultad del texto era evidente para el propio autor, quien escribía al final de su vida que hubiera sido necesario rehacerlo y que quien lo entendiese por completo sería más listo que él.

No demos, sin embargo, malinterpretar estas palabras. Aunque probablemente el ginebrino no se sentía satisfecho del todo con su escrito, no ignoraba su trascendencia, como lo demuestra su carta a Christophe de Beaumont, o como testimonia Hume en carta a Hugh Blair.

En cuanto a las dificultades del texto, provienen en parte de su abstracción, y, en parte, de una redacción a veces farragosa (como, por ejemplo, cuando Rousseau emplea terminología matemática) y alejada de su estilo habitual, fluido y brillante.

Conviene tal vez recordar que, antes de establecer los principios de la teoría democrática, Rousseau comienza por asestar un golpe demoledor contra el absolutismo monárquico y contra algunos de los teóricos políticos que habían legitimado, de una u otra forma, la tiranía.

Así aparecen en sus páginas Grocio, a quien Jean-Jacques critica virulentamente y califica de promotor del despotismo, Hobbes, Locke, a quien reprocha su defensa del sistema representativo, etc. A veces el autor no aparece mencionado explícitamente, como ocurre en el capítulo IV del libro I, donde Rousseau condena la tesis hobbesiana de que el déspota garantiza a sus súbditos la tranquilidad civil.

Aparte del contenido no manifiesto y de los sobrentendidos del texto, uno de los conceptos que más pueden oscurecer el significado de la obra es el de Cité, que Rousseau opone a Estado. La traducción correcta de este término -que por su importancia dentro del pensamiento político rousseauniano justificaría por sí sola una nueva edición del Contrato- es polis -u no ciudad como figura en algunas traducciones- o, mejor aún, Ciudad-Estado, término este último que engloba no sólo a la polis griega, sino también a Roma

Es éste uno de los conceptos claves del sistema político del ginebrino, y sobre él pivota El Contrato Social. Lo que intenta Rousseau al oponer la Ciudad-Estado al Estado -moderno, deberíamos agregar-, y el ciudadano al burgués, es marcar las diferencias existentes entre ambos modelos políticos.

El rasgo diferenciador de la Ciudad-Estado, como hemos visto, es la democracia directa, que se caracteriza por la ausencia de representantes y la no delegación de la soberanía por parte del pueblo. El ideal rousseauniano que implica ausencia de burocracia y de ejército permanente. Es el Estado reducido a su mínima expresión. Modelo que encontramos en El Contrato, bajo la forma de esos ejércitos de campesinos que resuelven los asuntos comunes bajo un roble, y que no parece tener mucho que ver con el Estado moderno, fuertemente centralizado, con su potente aparato estatal y su ejército permanente.

Si, por último, tratásemos de responder a la pregunta: ¿es Rousseau un liberal, un conservador, un revolucionario?, habría que especificar, en primer lugar, que el marco teórico en el que se inscribe su pensamiento es efectivamente liberal, al igual que lo son la problemática y los conceptos que utiliza, pero que las respuestas que da no lo son.

En efecto, aunque la teoría rousseauniana surge en el seno del discurso liberal, representa un giro considerable, por cuanto cuestiona los presupuestos fundamentales de dicha teoría. Sin embargo, las condiciones para ofrecer una alternativa al modelo liberal aún no estaban maduras. El modelo alternativo que presenta el ginebrino se reviste -porque no puede ser de otro modo en esa época- con el ropaje antiguo y el ideal de la Ciudad-Estado. Ello es debido a que la ideología igualitaria no disponía aún de ningún otro punto de referencia. Que por ello Rousseau deba ser considerado un autor tradicional o que, por el contrario, haya que insistir en su voluntad democrática y en sus aspectos progresistas, es aún tema de debate.




Texto del ESTUDIO PRELIMINAR realizado por la Dra. María José Villaverde sobre el libro EL CONTRATO SOCIAL de Jean-Jacques Rousseau.

Un saludo cordial y hasta el  mes que viene.

Francesc-Amílcar Riega i Bello.

jueves, 21 de marzo de 2019

"GROUCHO MARX" EN LAS TRANSICIONES

Hola amig@s.

Verdaderamente, no sé si es un concepto nuevo o no. De todas maneras para mayor entendimiento del lector, definiré una de las características de este miembro de los Hermanos Marx que lo caracterizaba por completo y, además, producía la hilaridad del público.

Es una actitud de la expresión corporal el hecho de caminar con las piernas flexionadas mientras te diriges de un lugar a otro. Si además le añadimos el hecho de que estás fumando un puro que está completamente apagado, tenemos en mente al personaje en sí mismo de GROUCHO MARX.

Hace ya varios años, al ir a ver un espectáculo de CESAR VINUESA, me di cuenta de que cuando acababa un juego y se dirigía hacia el maletín en el momento de la transición hacia el próximo juego, en su intención de no querer crear un espacio muerto, iba semi-corriendo hacia el maletín para dejar sus accesorios y coger otros nuevos con que realizar el siguiente efecto. La primera vez que lo vi me quedé realmente sorprendido, puesto que se trataba de un acto de mentalismo. Un espectáculo que duraba poco más de una hora y en el cual, cada vez que terminaba un juego se producía el mismo fenómeno en su expresión corporal, con la consecuente carcajada por mi parte. CESAR VINUESA, acostumbrado y conocedor de mi risa fácil, no le dio importancia en el momento, pero después de la actuación me preguntó: ¿De qué te reías tanto? A lo cual le respondí: "Es que tú no haces mentalismo, has creado un nuevo estilo de mentalismo denominado GROUCHO-MENTALISMO". Le expliqué detenidamente lo que acostumbraba a hacer en las transiciones y al recordarlo el mismo, se dio cuenta de que era cierto. Por lo cual, en lo sucesivo no colocaba el maletín o velador (en su defecto), más lejos de lo necesario para que no se produjera esa semi-carrera desde el centro de la escena al maletín en cada transición y en cada juego. No es necesario ir acelerado a buscar un accesorio puesto que se puede producir este fenómeno y en función del ángulo en que estés sentado, si alguien ha visto a GROUCHO MARX con anterioridad, darse cuenta inconscientemente de ello y soltar una carcajada.

Recientemente, otro actuante del cual no revelaré el nombre, siendo una persona que busca la emoción mágica y la excelencia tanto en lo que hace, el trato con el público y comunicando con este último, al no trabajar en su espacio habitual, sino en otro un poco más grande y con mayor capacidad de público, también se producía este fenómeno en la manera de andar hacia el maletín. No consciente de ello, algunas personas del público -entre los que me cuento- soltamos una gran carcajada cuando él realmente no pretendía provocar la hilaridad del público. Desconcertado completamente, se produjo otro fenómeno que podríamos definir como pérdida de ritmo y total desconcierto por parte del mago que nos brindaba una sesión maravillosa a unas 70 personas. Ante el asombro por su parte, parte del público también sonreía sin que dicho mago en cuestión tuviera conocimiento de causa y, en cierta manera, produciendo incomodidad al actuante. El solamente pretendía hacer magia, crear la atmósfera mágica consabida para llegar a la emoción mágica al final de cada efecto.

Uno de los claros ejemplos de magos que hacen uso de ese ardid intencionadamente, no son ni mucho menos los magos de escena. Salvo una excepción, el gran maestro JUAN TAMARIZ que sí lo hace conscientemente y puesto que se trata de un personaje dicharachero y disparatado, está en perfecta armonía con lo que hace, eso sí, produciendo una media sonrisa en la cara de los espectadores que saben de los andares de GROUCHO MARX.

La conclusión final de este fenómeno o fenómenos conjuntamente, es que si te dedicas a la magia y pretendes generar la emoción mágica por exceléncia, el contraste de una expresión corporal de este tipo es brutal y debe intentar evitarse por todos los medios, puesto que siempre hay alguien que puede identificarlo con el personaje cómico llamado GROUCHO MARX. Si además, utilizas zapatos con suela de goma, el fenómeno se acentúa, puesto que al llegar al velador o maletín hay una ligera frenada de tus pies, así mismo, como en todos los pasos que se dan para llegar a este que provocan ese ligero movimiento de curvatura a la altura de las rodillas. Siempre te encontrarás alguien de mediana edad que sabe y reconoce las características de GROUCHO MARX.

Hasta el mes que viene, amig@s.

Francesc-Amílcar Riega i Bello.

jueves, 21 de febrero de 2019

LA CAJA MÁGICA



CICLO DE CONFERENCIAS DE MAGOS ARGENTINOS


Este trabajo que recientemente he leído y publicado en el 2016 por Editorial Páginas, es una recopilación de los mejores efectos de varios autores latinoamericanos. Hay efectos de cartomagia, de magia de cerca, de magia de escena y de magia infantil. Posteriormente, vienen las entrevistas a los magos más significativos de este gran país que tanto ha dado a la magia y, para finalizar los artículos tanto de los clásicos en este país como de las nuevas generaciones que afloran con fuerza.

En el primer apartado, Adrián Guerra nos explica sus versiones de Cartas Al Bolsillo, a cual mejor. Salvador Sufrate, nos hace una aportación a la técnica de El Salto muy versátil y fácil de hacer para magia de cerca. Gustavo Guaragna, nos revela la posibilidad de una rutina de juego, que bien merece la pena ser estudiada. A continuación, Marcelo Insúa nos hace una aportación, como todo lo que hace él, basado en la elegancia de la sencillez. Acto seguido, el Gran Bonzini también hace su aportación a nuestro posible repertorio. No por ello menos importante, Daba nos revela una adivinación de carta en condiciones imposibles y con un final inesperado. Daniel Raley, nos habla de un efecto de cartomagia que consiste en clavar la carta elegida en el techo o contra una pared de una manera muy original. Roberto Mansilla, nos ofrece su propia versión conocida por mucha gente del clásico efecto de Paul Curry, Fuera De Este Mundo, pero en su versión de salón. Siguiendo en el apartado de cartomagia, Pablo Zanatta nos lleva al mundo de la adivinación de una carta pensada con un ingenio increíble y, relativamente, con poca técnica.

En el siguiente capítulo de efectos de magia de cerca, Daniel Celma nos revela su versión de La Moneda Que Atraviesa El Vaso. Podría decir tantas y tantas cosas de Daniel (e.p.d.) que no cabrían en este artículo. Cuando le conocí, allá por el año 87, ya denoté en él esa timidez propia de los que tienen miedo a ser genios en el mundo de la magia y, por otro lado, son generosos con todos aquellos que quieren aprender. En esta apartado también nos revela su versión de Monedas A Través De La Mesa. Después de todo esto, Tony Montana realiza un efecto de mentalismo con un impacto brutal y una técnica casi  mínima. Otra vez nos encontramos con el fenómeno de la elegancia de la sencillez. Ulises Palomeque, con el nombre de El Poder Del Sonido, nos brinda su estudio personal sobre El Cilindro y Las Monedas de John Ramsay.

En los efectos de magia de escena, el gran mago argentino Fantasio, nos explica con minucioso detalle uno de los juegos con los que compitió en la FISM bajo el pseudónimo de FUN-TASIO. Juan Pablo Ibañez, aporta una aparición de corbata de fácil construcción y siempre muy efectiva. A la par, nos brinda su Penetración De Cuerda y Carta, que es una de las más originales que yo he visto hasta el momento. Ray Francas, combina el cambio de color de un bastón con la aparición de una paloma de una manera muy ingeniosa. Acto seguido, Gustavo Raley nos ofrece su propia versión de la aparición de la lata de Coca-Cola conjuntamente con el juego que él llama Mi Bebida Favorita. Fico Concetti, nos ofrece el efecto Arco Iris, en que un globo a modo de predicción se revela de una manera insospechada. Kartis, uno de los maestros a tener en cuenta en este país, nos presenta un efecto de Cromoclarividencia, como él le llama. Un efecto inspirado en el efecto Mental Image del Dr. Stanley Jacks. A continuación, le sigue Quique Marduk en la cual nos ofrece su basta experiencia en el mundo del Pick Pocket y la manera de manejar a los espectadores en escena. Rey Ben, nos muestra el efecto de La Silla Que Encoge O Desaparece. Así mismo como su versión de El Llavero De La Habitación al que titula Camisa De Preso. Para finalizar este capítulo, Oscar y Fernando Keller, nos hablan de sus andanzas y experiencias para conseguir llevar a buen fin su versión de El Dado de Da Kolta.

Ahora nos adentramos en los efectos de magia infantil, en el que le toca el turno a Carlos Adriano o El Payaso Colorete y, seguido de Héctor Carrión con el juego de La Manzana Mágica. Diego Minevitz, en su juego Una Apuesta Divertida,  nos relata un efecto basado en la comedia pero de un impacto mágico y visual como pocos.

A continuación, viene la sección de entrevistas, que no tiene desperdicio en ninguno de sus personajes. Estos son: René Lavand, Fantasio, Oscar Keller, Zergio, las palabras de un maestro amateur como Kartis, para continuar con Merpin, Mirko Callaci, Henry Evans, Alex Nebur y el grupo El Centésimo Mono. Como colofón final, está la mágica familia de Los Daba.

En la sección siguiente que es la de artículos, tenemos a Carlos Greco y sus sombras chinescas, intentándonos iniciar en este arte milenario que a tan pocos magos les vemos hacer bien. Le sigue Daniel Garber, en el que nos habla de la psicología para emplear cuando haces magia para niños. También tenemos a Carlos Barragan, que nos habla de efectos que levitan y como se preparan dichos efectos y se viven en primera persona. Otra vez, Henry Evans nos aporta sus apuntes sobre los remates mágicos y Hernan Maccagno, nos habla de la relación que hay entre la magia y la música, y a como saber escuchar, oír y descubrir. El Gran Bronzini, nos plantea una situación la cual todos nos hemos imaginado y es la de Isla Desierta e Ilusión Encontrada. Radagast, nos brinda una palabra mágica tal como Haparapapapepo. Norberto Jansenson, nos habla de su propia filosofía y concepción de la magia más allá de la presentación, construcción o técnica. De hecho, nos brinda la oportunidad de conocer una nueva dimensión, si se quiere un poco más elevada, de los que es el arte de la magia. Pablo Zanatta, nos hace un breve resumen de las influencias recibidas por la cartomagia en Argentina, sus maestros, los nuevos valores, los campeones y los imprescindibles. Rodó, nos hace una breve alegoría sobre el cine y la magia, digna de consideración y de como y cuando la magia y el cine llegaron a Argentina en la compañía de Frégoli. El gran estudioso y lector Martín Pacheco, nos habla de la bibliografia mágica existente en español en Latinoamérica. Desde la aparición de la imprenta hasta finales del Siglo XIX. Así mismo, como de las primeras publicaciones de magia en la América Hispana.

Ya para finalizar este comentario de texto de este gran libro, La Caja Mágica, nos ofrece una serie de fotografías de portadas de libros de magia desde el Siglo XIX a la actualidad.

Un libro altamente recomendable y que puedes adquirir en la Editorial Páginas sobre el encuentro de ilusionistas platenses.

Aprovecho para saludaros atentamente y nos vemos el mes que viene.

Magi-cordialmente.

Francesc-Amílcar Riega i Bello

lunes, 21 de enero de 2019

LIBRO - EL ENFILE



"En el principio, los magos crearon el enfile por debajo y vieron que era bueno. Muchos años después, crearon el enfile por encima y vieron que era muy bueno."


Pero muchos magos en las décadas recientes, ignorando la sabiduría de muchos maestros del pasado, percibieron el ENFILE por encima y por debajo como técnicas pasadas de moda, y fueron sustituidas por modernas técnicas que inventaron. No podían estar  más equivocados. El ENFILE por encima y por debajo permanecerán como las más fuertes y más versátiles técnicas con cartas nunca inventadas.

MAGIC CHRISTIAN, después de haber estudiado la magia del legendario J. N. HOFZINSER durante más de 20 años y haber probado en miles de actuaciones ante público y magos, conoce el valor de estas técnicas. Las usa constantemente para crear magia impactante. Probablemente es el único mago en siglos que ha aportado variantes al ENFILE por debajo; y que ha expandido por completo ambas técnicas, el ENFILE por encima más allá de cualquier cosa soñada. Con sus manejos y variaciones de estas técnicas, una o varias cartas, juntas o individualmente, pueden ser cambiadas secretamente con cualquier carta de la baraja, sin que parezca que te has acercado al mazo.

El fruto de muchos años de estudio, trabajo e innovación, se explica en gran detalle en el libro "THE TOP CHANGE". En este libro aprenderás todas las herramientas necesarias que pueden elevar tu cartomagia al nivel de la excelencia. Estás a punto de entrar en la corte real de la cartomagia en la cual reina el monarca.

El libro en cuestión, escrito en un inglés muy accesible, te permite tener conocimiento de las múltiples variantes que nos ofrece CHRISTIAN STETZEL. Ilustrado con más de 200 fotografías, el exquisito mago vienés nos ofrece ingeniosos métodos, así mismo como la filosofía inherente a las propias técnicas que se están utilizando.

En este mismo libro, también se ofrece una breve historia del ENFILE y se demuestra que no es lo mismo cambiar una carta que el concepto fundamental que pretende inculcar y que es el hecho de que en el ENFILE hay que dar la sensación, en la percepción de la mente del espectador, de que la carta nunca se ha acercado a la baraja. Hecho fundamental del porqué el ENFILE tiene esa fuerza e impacto emocional. Si no se entiende esto, no se puede entender la preferencia por un ENFILE en lugar de otras técnicas sustitutivas.

Es un libro que prácticamente puede leerse en un día, pero para asimilar las técnicas y conceptos de referencia, puedes tardar años. Si ya utilizas el ENFILE por norma en tus actuaciones, sabrás de lo que te hablo. Si perteneces a la nueva generación de magos que prefieren el DOBLE LIFT para cambiar una carta, este libro sencillamente  no es para ti. La concepción técnica es diferente y aunque el DOBLE LIFT es muy útil y cómodo, nunca llegará a tener la fuerza, en la mente de los espectadores, como la tiene el ENFILE.

Te recomiendo que leas con baraja en mano este libro encarecidamente, puesto que se trata de una joya que puedes conseguir por poco dinero y, si eres profesional de la magia, podrás sacarle mucho partido en tus actuaciones a diario.

"Publicado en tapa dura por HERMETIC PRESS y que consta de 173 páginas"

Hasta el mes que viene os saluda magi-cordialmente.

Francesc-Amílcar Riega i Bello


viernes, 21 de diciembre de 2018

ALGO SOBRE TEORÍA DE LA MAGIA

Muchas veces me han preguntado porque gasto mi tiempo estudiando teoría de la magia. También muchas veces me han preguntado porque mi magia es buena. Siempre he respondido que mi deber es trabajar muy duro para conseguir esto. A veces me han sugerido que practique mimo. También me han dicho que aplique técnicas de teatro a lo que yo hago. Y algunos me han dicho que yo aplico psicología a este respecto. Para mi, la respuesta correcta es que yo estudio teoría de la magia y la aplico a lo que yo hago. Esta es la razón del porqué mi magia parece buena.

No conozco otra manera de estudiar la magia. Cuando alguien se prepara para hacer algo, ¿no debería intentar entender algo del porqué lo hace? Comprender implica desarrollar una teoría del como la cuestión del efecto funciona hasta que estás a punto para hacerla en público.

Entonces, ¿qué haces para estudiar la teoría incluida? Esta parte empieza por mirar con respecto a esto. El primer punto aborda la secuencia de pasos en una unidad básica de engaño. La gente siempre piensa de la magia que es un arte visual. Los pasos que diré al final sugieren que esto no es cierto. La filosofía presentada es tal como la ilusión se interpreta. Luego, el público debe rebobinar sus memorias y considerar cada parte de la ilusión. De la misma manera concluyen si ellos vieron magia o no. De hecho, la magia ocurre en sus mentes cuando ellos revisan lo que han visto.

Una parte crítica del engaño mágico es como el artista etiqueta las partes de la magia cuando son interpretadas. Por ejemplo, cuando el mago hace un movimiento para conseguir un efecto, el mago etiqueta tal acción como no importante. Entonces, cuando la magia está a punto de ocurrir, el mago etiqueta esas acciones como importantes y sugiere cuando la magia va a suceder. 

Yo divido en cinco fases la consecución del objetivo técnico:

1-. Aprender un nuevo movimiento lentamente y con confusión.
2-. Poner atención para que el movimiento pueda ser bien realizado.
3-. Mientras se repite el movimiento, intentar que los vicios no se repitan más y más.
4-. Gran frustración y aburrimiento experimentando mientras se hace el movimiento.
5-. El movimiento se hace divertido y no quieres parar.

Hasta el próximo mes amig@s.

Francesc-Amílcar Riega i Bello

miércoles, 21 de noviembre de 2018

DESAFÍA A TU MENTE

¿Dónde he dejado las llaves? ¿Cómo se llama esa famosa cantante? La cita con el médico, ¿cómo he podido olvidarla? Tiene el firme propósito de poner más atención, de ser mas observador y de disfrutar de una capacidad de retención mayor sin que consiga grandes progresos que se trasladen a su realidad inmediata. Cada episodio de olvido le hace pensar si realmente está usted ante los comienzos de un grave problema de memoria o ante la degeneración de sus redes de interconexión neuronal. No nos inquieta razonar mal, pero en cambio se nos hace insoportable recordar mal.

La evolución diaria de la sociedad moderna le obliga constantemente a estudiar y aprender, le obliga a reciclarse a perpetuidad. Constantes pruebas a las que sometemos nuestras redes neuronales, y que solo un cerebro entrenado en su capacidad de interconexión y asociación neuronal podría sacar adelante con solvencia. Es fácil que surja en un cerebro poco habituado al entrenamiento la fatiga, la falta de concentración dando paso al agotamiento y al agobio causando grandes desgastes, aflorando la ansiedad y el bloqueo mental.

Le será de inmensa ayuda contar con un cerebro ejercitado en las técnicas de neurogimnasia moderna. En resumen, nos interesa mucho nuestra memoria, y podemos mejorar y optimizar su funcionamiento mediante una serie de ejercicios de complejidad progresiva.

La gimnasia cerebral le permitirá desarrollar su potencial neurocerebral. En aspectos cotidianos, reducirá sus olvidos, memorizará números y citas, en fin, participará activamente en el aumento de sus recursos personales. Activará su cerebro manteniendo sus células en un estado de actividad óptima devolviéndole la motivación y las ganas de agilizar sus facultades intelectuales.

La atención es uno de los factores primordiales de la memoria, prestar atención significa focalizar la energía del cerebro en un determinado tema, indispensable para la consolidación de un recuerdo. Prestamos atención a lo que nos interesa. Existe una estrecha relación entre el nivel de motivación hacia un tema que capitaliza nuestra atención con el aumento de la actividad neurobiológica de nuestro cerebro. Una mente motivada facilita el registro y recuperación de la información. Si la información que le llega le interesa, permanecerá concentrado, será capaz de abstraerse del ruido ambiente o de cualquier otra interferencia capaz de distraerlo de su actividad intelectual. Del exterior recibimos una serie de informaciones procesadas por los órganos sensoriales, así podemos hablar de memoria visual, auditiva olfativa, gustativa y táctil. Estas diversas informaciones las recibimos combinadas, y nuestro reto será mediante la memoria lógica o asociativa crear aptitudes para memorizar analogías, establecer relaciones y construir asociaciones. El papel de la gimnasia cerebral consiste en estructurar y organizar las informaciones aportadas por los órganos sensoriales. Con técnicas de exploración cerebral la ciencia ha descubierto que la actividad de las células cerebrales aumenta mediante la estimulación cognitiva a través del ejercicio mental.

El término imagen mental designa lo que usted tiene en su cabeza cuando se representa la realidad, cuando recuerda un determinado hecho o persona, o cuando piensa. Las imágenes mentales constituyen sus recursos de memoria, como piezas de un coche o partes de una casa. Sus recuerdos funcionan y se construyen mentalmente a partir de imágenes mentales. Mediante una serie de ejercícios para el  entrenamiento neuronal usted puede aprender a representar en la mente la realidad creando un fuerte proceso cognitivo con visualizaciones y asociaciones vinculadas al almacenamiento y recuperación de la información.

Use sus capacidades cerebrales o piérdalas. Según este eslogan de la gimnasia cerebral, cualquier individuo puede verse afectado por la pérdida de facultades mentales. Con una serie de ejercícios nos preocuparemos por desarrollar y mantener nuestro potencial cognitivo.


Francesc-Amílcar Riega i Bello.

¡Hasta el próximo mes, amig@s!